viernes, 1 de agosto de 2014

Claudio Ledesma, entrevista

La entrevista de hoy, es un encuentro con un hombre "grande" porque no es niño, según él mismo lo dice, y  agrega creer que nunca "será adulto"... Porque cuenta con emoción niña cada vez que se presta a compartir una historia, porque las historias viajan de punta a punta del país con él, y más allá también... 
Con lo mucho que le cuesta quedarse quieto, hoy logré detenerlo aquí, para que nos cuente, en esta oportunidad, que siente, qué piensa, en este camino hecho todo de palabras, por el que un día decidió andar, y todavía...  Compartimos la entrevista con el narrador Claudio Ledesma...



¿Qué es contar, y por qué elegiste hacerlo?

Elijo contar es lo que me gusta y sé hacer. No podría hacer otra cosa. Contar es conjurar a la muerte, que es el olvido. Es dar nombre y existencia a las cosas. Al nombrar las cosas, las cosas existen, toman cuerpo, se iluminan. Contar, como una lucha y una resistencia a la muerte.

Gide en su diario dice “contar es poner algo a salvo de la muerte”. La condena al silencio es, de alguna manera, una condena a muerte. Porque la palabra es vida (si no hablo, me muero; si no hablo, reviento). Y hablar es el principal modo de autoafirmación. Y se piensa porque se habla. Los cuentacuentos somos de hablar. Y no acostumbramos a pedir por favor la palabra. Ni tampoco la cedemos tan fácilmente. Y nos gusta y nos divierte inventar nuevas palabras. Y también nos gusta volver a la vida las palabras que han quedado secas y vacías de tanto mal uso.


¿Cuáles son tus motivaciones a la hora de seleccionar un cuento?

A mí primero el cuento me suena en la oreja, y es una forma de buscar mi voz propia. Y soy yo el que cambio al contar las historias, al buscar mi voz, la misma voz para decir distintas cosas. ¿O acaso la misma cosa?, la misma historia. Creo que uno toma palabras prestadas, palabras ajenas porque comparte la idea y el mensaje del autor, pero además -a nivel inconciente por supuesto-, uno exorciza miedos, angustias y desconsuelos. Pone en palabras las cosas no dichas, el cuento es la excusa.

Los cuentos me hacen vivir vidas ajenas, agregarle un cuarto a la casa de la vida y maravillarme, que no es poca cosa a estas alturas. Tener distintos puntos de vista de una misma cosa.

¿Qué lecturas o autores forman parte de tu bagaje literario predilecto?

Ahora si pienso en autores, influencias, bueno tengo varios autores preferidos.

En mi adolescencia -que fue cuando empecé a leer-, me atraparon las obras de teatro. Alejandro Casona: “La dama del alba”, “Los árboles mueren de pie”, “Prohibido suicidarse en primavera”, “La cuarta palabra”, “La sirena varada”, etc. En ese orden, eh…

También me gusta mucho la poesía, sí, me encanta la poesía: Amado Nervo, Evaristo Carriego, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbuoru, Gabriela Mistral.

Pero Graciela Cabal es mi autora de culto. Julio Cortázar me fascina. Abelardo Castillo es tan hermosamente cruel… María Esther de Miguel, Marco Denevi, Roberto Fontanarrosa, entre otros.

Lo principal para mí, si es ficción, es que los personajes tengan encarnadura. Y el autor me tiene que seducir, desafiar a que yo lo siga leyendo, me tiene que obligar a no soltar el libro. Como dice Ana María Machado: “Hay libros que no se merecen que se haya talado un árbol”.


Viajás mucho, emprendés cada vez más actividades, impartís talleres y seminarios, dirigís la publicación “Te doy mi palabra” (www.facebook.com/claudiocuentos) y el Festival Internacional de Cuentacuentos de Argentina… ¿Hay algún momento de quietud en tu vida?

Como verás no me quedo quieto. Además hago gimnasia y natación. "Mente sana en cuerpo sano", decían en la antigüedad. Será por eso que no fumo, ni bebo... ¡Qué aburrido! ¿no? Pero sí, trasnocho y tengo otros excesos... la lectura por ejemplo y otros que no puedo contarles, por supuesto.



Que pena que no puedas, esta entrevista hubiera sido doblemente interesante para todos… jaja… Sigamos hablando en serio… hablemos del Festival, recordame cómo fue qué se originó ese proyecto del cual tuve la suerte de participar en su décima presentación…



El Festival Internacional de Cuentacuentos, Te doy mi palabra, se originó en el ciclo Nuevas Tendencias Escénicas que desarrollo el Teatro Municipal Gregorio de Laferrere de Morón. Ese fue el marco y el puntapié inicial para arrancar con el primer Festival que fue a nivel nacional.

El segundo año ya fue latinoamericano y la tercera edición Internacional y participaron narradores de  América y Europa.

A partir de este año el Festival se llama “Palabra Mía”.

La propuesta del Festival siempre fue llevar la narración oral a los escenarios y que el “público virgen” descubra y conozca este género.

Trabajamos mucho durante el año para lo que implican la presentación del Festival.

Contamos con el apoyo de municipios, patrocinantes y sponsores.

Es un arduo trabajo que se ha ido articulando año a año.




-¿Y el Círculo de Cuentacuentos?



El Círculo de Cuentacuentos nació ante una necesidad.

El oficio del narrador oral es muy solitario. Es uno con el texto nada más, no contamos con otros actores ni tenemos una dirección.

Sentíamos la necesidad de juntarnos, saber cómo cada uno encaraba el oficio, de qué manera. Además grupalmente podía organizar eventos o crear una revista. De hecho lo hicimos. Eso también no unió y fue determinante.

Y difundimos nuestro trabajo a través de la Agenda semanal, que enviamos por mail desde hace ya muchos años. Pueden solicitarla al mail circulocuentos@gmail.com



¿Qué se necesita para contar una historia?



Pasión. Ganas de decir y comunicar. Y lo más importante, tener algo que decir.

Barthes dice: “toda autobiografía es ficción y toda ficción es autobiográfica”. Quizá, por eso cuento. Acaso se trate de asegurar la identidad. Acaso se trate de comprender ciertos hechos de nuestras vidas desentrañando misterios de otras vidas. Acaso se trate de un intento de recuperación y de reparación de uno mismo.

Los cuentos me hacen vivir vidas ajenas, agregarle un cuarto a la casa de la vida y maravillarme, que no es poca cosa a estas alturas. Si no tenés o no te pasa nada de esto, estás frito.




Sé que recorrés escuelas en este camino de los cuentos convidando a otros, contame algo de esa experiencia…



Mirá, cuando voy a una escuela a narrar, realizo un pacto con las maestras. Los cuentos que yo narro son para disfrutar, nada más. Y no falta una que me pregunte: “¿y los chicos no tienen que trabajarlos después?”. Siempre respondo lo mismo: “no hay mayor trabajo en la cabeza de un chico que estar callado, con los ojos abiertos y las orejas atentas. En su cabeza está sucediendo una revolución de cosas”. Posturas como las de estas maestras han hecho que los chicos creen anticuerpos. Por ejemplo, cuando estoy por comenzar a contar, los adolescentes, se resisten porque piensan que después van a tener que separar los personajes primarios y los secundarios. Muchas veces de esa forma se destruye la literatura. El autor cuando concibió su obra no lo hizo pensando en los sujetos y predicados. Pero el cuento es mágico: sucede, seduce, atrapa.



¿Qué hacer entonces, desde tu mirada, con la literatura en las escuelas?



No creo que se pueda enseñar a otra persona a leer literatura. Es más bien un contagio que una enseñanza. Contar y leer literatura es como abrir la caja de Pandora, mirar adentro del cuarto de Barbazul, encontrar el tesoro de la isla. Quizá el que no lee, no conoce que existe una caja, el cuarto ni un tesoro. Pero sí podemos mostrarles que existe una caja, una llave y un mapa, para que él pueda abra la puerta, descubra el tesoro o abra la caja. Es por eso que me interesa hacer valer mi trabajo como un trabajo cultural y no educacional.



Sí, pienso que tal vez podría ser educacional, pero revisando el concepto de de educación, el modo en que lo utilizamos… tal vez allí radique el problema, en la concepción, en las distintas representaciones que acaban definiendo las prácticas muchas veces… para pensar largo… ¿no?...



Sí, lo que me interesa destacar es la diferencia entre literatura para niños y libros para niños. No me ocupo los libros didácticos y escolares. Tampoco de los libros juguetes, que pueden ser lindos, pero que no tienen nada que ver con el arte de las palabras. Sólo me ocupo de la literatura, de los textos que tratan de cuestiones fundamentales de la condición humana, que no intentan dar respuestas, sino que proponen, por el contrario, nuevas indagaciones sobre la experiencia humana; libros que utilizan el lenguaje de una manera poética, explorando su ambigüedad y complejidad, proponiendo una pluralidad de significados; textos que pueden ser leídos por adultos con intenso placer literario, pero que también pueden ser leídos por los niños.



Pienso que la literatura está en los libros, y también fuera de ellos. Yo no sé si instalaría la diferencia literatura para niños /libro para niños, aunque entiendo lo que decís… no el libro como objeto por sí mismo… sino el libro en el que la literatura se exprese poéticamente, con un abordaje ético y estético que no subestime ni encasille al lector… entiendo que apuntás a eso, y estamos de acuerdo…



Claro, eso que dice Ana María Machado, de que la literatura infantil tiene que hablar de todo: amistad, miedo, amor, muerte, divorcio, política, exilio, la búsqueda de la confianza en sí, el poder de la imaginación. En resumen, literatura infantil debería ser, aquella literatura que puede ser leída también por los niños y no exclusivamente por los niños. Entonces, sería la literatura que incluye a los niños y no la que excluye a los adultos.



Hablando de niños y lecturas, contame de tu encuentro con la lectura y las historias en tu infancia…



Yo fui un chico no lector. En casa había un solo libro y estaba como pata de la cama de mi papá y de mi mamá. Es decir, no se leía; mis padres son muy humildes, vienen de la provincia de Tucumán y se conocieron en Buenos Aires. Había otras prioridades y por lo tanto no se compraban libros. Me regalaron uno cuando tuve paperas, pero era para pintar, no era literatura.

Pero sí había historias. Historias de aparecidos que se contaban en el campo.

La que siempre supe llenarme la cabeza de historias fue mi mamá.

Poco me acuerdo de la casa de mi infancia, pero sí recuerdo la cocina donde mi mamá, mientras cocinaba, me decía: “Había una vez una vieja, virueja virueja, de pico picocuesca de pomporerá…”

Y yo me balanceaba con la puerta de madera. Puedo describir perfectamente esa cocina, sentir los olores, escuchar el ruido que hacía la canilla con solo repetir esa historia.

Ese fue mi primer acercamiento al arte de contar cuentos, desde la infancia, dónde ocurren la cosas de una vez y para siempre.

Creo que por eso en el fondo soy cuentacuentos: para solidarizar la literatura y compartirla. Para que a nadie –y sobre todo a ningún chico- le suceda lo mismo que a mí.

Y ahora soy un lector adicto: leo en cualquier parte. Me llevo gente por delante en la calle, me paso estaciones en el subte, ruego que en las esquinas me frene el semáforo para tener cuarenta segundos más… Necesito recuperar todo el tiempo no leído.

Y nunca se me ocurrió o me propuse ser cuentacuentos. Estudié teatro y el narrador fue desplazando al actor. Cuando me quise acordar mi profesión era ésta que elijo hoy, como te decía al principio, porque me di cuenta que es lo que me gusta, lo que mejor sé hacer y que no podría hacer otra cosa.



Claudio tenés un cuento de tu autoría, muy lindo, en el que hablás de “las personas dormidas y las personas despiertas”... Recordame las características que otorgabas a cada una de ellas…



Sí, las personas dormidas pasan la vida -o mejor dicho, la vida les pasa- y están como anestesiadas. Pareciera que no les funcionan los sentidos. En cambio hay personas despiertas. Personas que están atentas para disfrutar de todo, todo el tiempo. Sus sentidos están alerta. Las personas dormidas sufren menos, y a veces, por algún hecho importante o golpe, se despiertan -¿o se despiertan de golpe?-, pero generalmente se mueren y nunca se enteran de que estaban dormidos. Ni que están muertos se enteran, parece. Por supuesto que las personas despiertas sufren más, pero disfrutan más porque viven, no duran.

Bueno, ¿ves? Yo creo que los libros nos ayudan a mantenernos despiertos. El que no lee no sabe lo que se pierde porque está dormido.



¿Y qué consejos podrías dar para no dormir? Es serio que estemos recomendando algo para “no dormir”… espero no te acusen de insomnio ajeno, porque yo seré tu cómplice… Sin embargo algo me dice que hacemos bien con la recomendación, así que elijo seguirte… te escucho…



Nooo, no soy de dar consejos porque pienso que no sirven para nada, cada uno tiene que vivir sus propias experiencias y aprender de ellas. Tanto en la experiencia de encuentro con la lectura, como con la de ponerse a contar un cuento. Pero si me gustaría decirles, sobre todo a los futuros cuentacuentos, que lean. Sobre todo para encontrar y preparar un repertorio que determine su identidad como cuentacuentos. Generalmente el narrador que recién se inicia toma cuentos que escuchó a otros narradores. Y eso no esta mal, porque seguramente le dará su propio sello, pero si se quiere ser profesional, tendrá que desarrollar su propia identidad. Y eso se consigue leyendo mucho, buscando material y preparándolo. Seguro que es más fácil escuchar y tomar cuentos que narra otro. Uno, muchas veces, se ve tentado, pero lo otro, es un trabajo y si se quiere encarar la narración oral como tal, tendrá que hacerlo.



Que todos podamos tomar la palabra, decirnos, contarnos me parece algo maravilloso… de hecho, todos los hacemos cotidianamente… pero pienso en los narradores que salen de los distintos espacios de formación: ¿Qué lectura hacés al respecto de la proliferación de cuenta cuentos?



Vivimos en un época dónde somos bombardeados por imágenes, la velocidad y rapidez atropellan nuestras vidas. Y como seres humanos que somos, necesitamos comunicarnos y encontrar un espacio intimo, dónde uno pueda establecer sus propias imágenes, con su historia. Y estimo que por eso los narradores orales florecen cada día más.



He tenido el privilegio de estar en tus clases, a través de los distintos cursos de “Rayuela, el arte de contar cuentos”, y pude escuchar, aprender en aquel entonces eso que quienes no participaron de clases, talleres, seminarios de narración oral, quizás no sepan y siempre es bueno aclarar/recordar: La diferencia entre cuentero, cuentista y cuenta cuentos…



Los cuenteros narran sus propios relatos o aquellos que le llegaron por tradición oral, con indudable eficacia y encanto de manera intuitiva, con sus técnicas propias pero que no fueron adquiridas explícitamente y que, por lo tanto, difícilmente podrán llegar a trasladar a otros. Esta modalidad se corresponde con la actividad de los chamanes, juglares, fabuladores, cuenteros urbanos o campesinos de todas las épocas.

El cuentista escribe cuentos y el narrador oral, aun cuando él mismo pueda escribir sus cuentos, en el momento de la narración oral dice cuentos. El narrador oral sintetiza en sí mismo todo el relato, el es narrador y personaje. A través del cuentacuentos el relato adquiere una fuerza de vivencia.

El cuentista posee sólo las palabras para presentar el acontecimiento, el narrador oral dispone de la voz, pausas, silencios, gestos, movimientos y expresiones.

Como ha expresado el narrador mexicano Eraclio Zepeda: “Contar es un oficio solidario, escribir es un oficio solitario”.

Y el cuentacuentos, a  través de caminos, trabajos, años, él recibe la palabra. El que ha sabido ver y oír puede escribir en su esencia y continuar la cadena de transmisores. Pero también el que ha sabido leer, es el que puede decir; o el que puede contar lo leído es el que se ha dado cuenta, alimentado de la lectura. Este es el narrador oral cuya materia prima es principalmente los cuentos literarios o los cuentos populares tradicionales ya recopilados por otros, su labor no es la de rescate o investigación, sino la de difusión, por supuesto en ocasiones también podrá contar sus propios cuentos.

Un narrador oral conoce las técnicas para contar cuentos por haberlas aprendido de forma expresa y voluntaria. Cualquier ser humano con sensibilidad y el don de la palabra sencilla, imaginaria, sugerente, fulgurante puede ser narrador oral.



Siempre que te miro pienso: ¡Tremendo cuerpo para moverse tiene su niño interior!, el problema es que el niño interior – sospecho- es igual de grande. ¿Sos el Peter Pan de la narración?



Soy grande porque no soy niño, pero creo que jamás llegaré a ser adulto. Pongo demasiada pasión en las cosas que hago, en todas. No concibo la vida sin pasión. Disfruto todo, todo el tiempo. El momento en que vivo es el más pleno y siempre tengo la sensación de que lo mejor esta por venir. Y así sucede. Por eso será que me enamoro todos los días como si fuera la primera vez y la última.



No vuelvas a decirme eso en futuras entrevistas, a menos que quieras hablar de amor. ¿Hablamos del amor?... no, bueno, está bien… lo dejamos para otro momento…


Nos vamos, si te parece, con algo que dijiste alguna vez, algo tan feliz que lo voy a citar textual:


Me di cuenta de que soy muy afortunado y siempre tuve mucha suerte en la vida. Y soy feliz, tan feliz que a veces tengo miedo de que la alegría no me quepa en el cuerpo. ¿Qué más se puede pedir o soñar? Entonces, me gustaría pedir que todos sintieran esta alegría loca que me hace tan feliz”

Gracias por el deseo de esa “alegría loca” para todos nosotros, y como sos tan feliz y no sé qué desearte, de veras deseo que tu deseo se cumpla, y entonces podamos festejar todos la alegría loca de ser así de felices.-
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Acerca de Claudio Ledesma:

Representó a la Argentina en los Festivales Internacionales de Cuentacuentos de Bolivia, Cuba, Chile, Uruguay, Colombia y México.
Presentó sus espectáculos de narración oral para chicos y adultos en ferias del libro, cafés literarios, librerías, universidades, plazas, parques y teatros.
Creó y dirige el Círculo de Cuentacuentos y la publicación Te doy mi palabra: noticias de los cuentacuentos. Fue narrador contratado por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y la Dirección General del Libro y Bibliotecas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Dictó talleres de narración oral a través de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires, en el Instituto Universitario Nacional del Arte y en Universidades Privadas.  Es docente de narración oral para el Diplomado de Expertos en Literatura Infantil y Juvenil que se desarrolla en Universidades de Chile, Colombia, Perú y Brasil.
Conferencista y cuentacuentos de Neuroeducación del seminario “El cerebro lector” impartido en Lima, Perú y Medellín, Colombia. 
Cuentacuentos contratado por la Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de la Plata.
Es Director del Festival Internacional de Cuentacuentos Te doy mi palabra, que se lleva a cabo desde el año 2000 y se desarrolla en Buenos Aires y con sedes en prácticamente toda la Argentina. Director del Encuentro Cuenta Habana que se lleva a cabo todos los años en la isla de Cuba. Director de las Jornadas Internacionales de Literatura Infantil y Juvenil que se realizan en la Biblioteca Nacional. 


Claudio Ledesma


2 comentarios:

  1. Sumamente interesante leer la experiencia respecto de la palabra hecha cuento. Gracias, Claudio

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  2. Gracias Adela, por la visita a esta casa, por tu mirada puesta sobre el espacio de La infinita desmesura y en particular sobre las palabras de Claudio, un abrazo

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